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Bogotá, una ciudad que todavía vibra al ritmo de los 80

Los años 80 están de moda otra vez. La música, la ropa, las películas y la estética de aquella década regresan con fuerza en distintas partes del mundo. Y Bogotá, curiosamente, no necesita hacer demasiado esfuerzo para subirse a esa tendencia.

Bogotá, una ciudad que todavía vibra al ritmo de los 80

La invitación al lector es hacer de cuenta que tienes una grabadora, le das play al casete en tu walkman y, mientras vas por este viaje, comienza a sonar Cyndi Lauper con “Girls Just Want to Have Fun”... 

Conocer Bogotá es viajar en el tiempo

Basta caminar por algunos de sus barrios, mirar sus edificios, entrar a un café, recorrer un centro comercial o buscar un disco para descubrir que hay escenas de la ciudad que todavía parecen sacadas de aquella época. No porque Bogotá viva en el pasado, sino porque conserva lugares, objetos y costumbres que permiten imaginar cómo era ser joven y recorrer la capital hace cuatro décadas.

Bogotá tenía otro ritmo, pero algunas de sus costumbres todavía sobreviven. 

 Unicentro, uno de los grandes referentes comerciales de Bogotá, visto desde el aire y rodeado por el intenso movimiento de la ciudad.
Unicentro al norte era el sitio de encuentro con amigos y compañeros. Foto: Ricardo Báez - IDT.

Para muchos bogotanos, UnicentroGalerías y Bulevar Niza en el norte de Bogotá, Vía Libre en el centro e incluso Plaza de las Américas al sur fueron mucho más que centros comerciales. Durante los 80 eran puntos de encuentro, lugares para ir de compras, comer, ver una película, encontrarse con los amigos o simplemente pasar la tarde. Unicentro, abierto desde 1976, representaba esa Bogotá que comenzaba a sentirse más moderna y cosmopolita; Galerías, en el antiguo Sears, y Bulevar Niza también formaban parte de ese nuevo mapa de entretenimiento y consumo. 

Eran sitios donde los jóvenes, con ropa de moda al estilo americano, con jeans en pantalones y chaquetas, sin medias y con cabellos engominados o al estilo “alf” las mujeres (un peinado evocando al personaje de la serie de televisión), podían jugar maquinitas, comprar la pinta, mirar vitrinas y, sobre todo, encontrarse. Una costumbre sencilla que hoy parece casi nostálgica: quedar en un lugar y confiar en que los amigos aparecerían.

Había menos pantallas y muchos más lugares donde encontrarse. 

Para viajar todavía más atrás, basta visitar el Mercado de las Pulgas de Usaquén o recorrer el de San Alejo en el Centro de Bogotá. Entre antigüedades, juguetes, cámaras, revistas, afiches, prendas, objetos decorativos y toda clase de curiosidades, pueden aparecer pequeñas piezas capaces de devolvernos a aquella década. El Centro, además, conserva comercios donde los melómanos pueden buscar vinilos, CD, recuerdos y objetos relacionados con la música y la cultura popular de esos años. Y en la calle 19, las cajas de discos siguen siendo una invitación a rebuscar entre carátulas y álbumes para encontrar esa canción que alguna vez sonó en una fiesta, en una grabadora o en el equipo de sonido de la casa. 

Para quien vivió los 80, encontrar un disco conocido puede ser como encontrarse de nuevo con una parte de su propia historia.

Un viaje al pasado entre teléfonos de disco, objetos antiguos y curiosidades que mantienen vivo el espíritu de los años 80 en Bogotá.
El Mercado de las Pulgas de San Alejo en el centro es un lugar especial para revivir aquella época ochentera. Foto: Jimmy Pulido - IDT.

En los 80, salir a Bogotá también era una forma de descubrir quién eras. 

La música también dejó sus grandes escenarios. El Estadio El Campín no solo ha sido el templo del fútbol bogotano: sus tribunas y su cancha han servido como escenario para grandes conciertos y acontecimientos musicales que marcaron generaciones. Si pasas por allí, todavía podrías escuchar los sonidos del mítico Concierto de Conciertos de 1988, donde tocaron Los Toreros Muertos de España, Los Prisioneros de Chile y los bogotanos de Compañía Ilimitada. Y si los conciertos eran la gran cita multitudinaria, la noche tenía otros templos. 

El Campín, escenario de grandes partidos y conciertos que han marcado la memoria de varias generaciones de bogotanos
En el Campín se desarrollaron los primeros grandes conciertos musicales de la ciudad. Foto: Ricardo Báez - IDT.

Bogotá crecía, los jóvenes buscaban nuevos espacios y la música marcaba el paso. 

En la calle 116 con avenida 19, la Bogotá de los 80 encontraba uno de sus puntos de encuentro para la rumba. Discotecas como Río, Reina de Corazones, La Fuente Azul, Disco y Unicornio quedaron en la memoria de quienes vivieron aquellas noches de música, baile, luces y amigos. Por aquel entonces sonaba en las discos y en la radio entre música americana, salsa y la bohemia de los 70 que había quedado atrás.

Parques para compartir en familia

En los años 80, los parques eran también parte del mapa de la vida familiar bogotana. Los domingos eran una buena excusa para salir de casa, caminar, llevar a los niños a jugar y encontrarse con otras familias en espacios como el Parque El Salitre (hoy Salitre Mágico, el Parque Nacional, el Parque de los Novios o el Parque de la Independencia. No había celulares que reclamaran atención ni agendas digitales que organizaran cada minuto: una pelota, una bicicleta, una merienda y unas horas al aire libre podían ser suficientes para pasar la tarde. Los parques eran lugares para jugar, conversar, montar en bicicleta y, simplemente, compartir. Hoy muchos han cambiado de aspecto, pero todavía conservan esa capacidad de reunir a las familias y recordar una Bogotá en la que los domingos tenían otro ritmo. 

El Parque Nacional, uno de los espacios tradicionales de encuentro familiar en Bogotá, visto desde el aire entre sus jardines, senderos y vías que lo rodean.
El Parque Nacional era el espacio para compartir en familia. Foto: Ricardo Báez - IDT.

Hoy el paisaje es diferente, pero basta mencionar esos nombres para que quienes estuvieron allí puedan reconstruir una noche de juventud casi completa.

Quizás ahí está el verdadero atractivo de buscar los 80 en Bogotá: no encontrarlos intactos, sino descubrir cómo permanecen en la memoria de la ciudad. Unicentro, Galerías, Bulevar Niza, Usaquén, el Centro, la calle 19, El Campín y la esquina de la calle 116 con avenida 19 son ocho estaciones de un viaje en el tiempo que no necesita nostalgia exagerada. Son lugares donde todavía es posible encontrar un objeto, un sonido, una arquitectura o un recuerdo capaz de despertar aquella década. Bogotá cambió, naturalmente, pero algunas de sus historias permanecen. 

Y para quien quiera descubrirlas, la ciudad todavía tiene rincones donde los 80 parecen estar esperando para volver a sonar.

Bogotá, una ciudad que hoy parece acelerada, alguna vez aprendió a vivir sin tanta prisa, ¡pues solo pensaba en tener un poco de diversión!