Esta estrategia de turismo religioso propone un recorrido por estos templos, conectando la espiritualidad mariana con la historia, el patrimonio y los paisajes del departamento, e invitando a peregrinos y visitantes a vivir una experiencia de fe y reflexión.
Es una experiencia que despierta los sentidos, conecta con la historia y transforma el corazón. El Recorrido de Nuestra Señora de los Dolores integra a Zipaquirá, Guatavita, Bojacá, Tibirita y Susa, municipios donde la fe no es solo tradición: es identidad, cultura y patrimonio vivo.

Cundinamarca vive una Semana Santa que transforma.
Aquí, cada templo guarda siglos de historia. Cada procesión ilumina las calles con esperanza. Cada paso del peregrino se convierte en un acto de encuentro interior.

Tibirita: Tradición que late en cada calle.
Entre montañas y paisajes serenos, Tibirita conserva el encanto de la arquitectura colonial y la espiritualidad campesina que ha marcado generaciones. Su templo parroquial, sobrio y lleno de historia, es el corazón de una comunidad que mantiene viva la tradición con orgullo y devoción. En Semana Santa, las calles se iluminan con cirios, los cantos tradicionales acompañan las procesiones y el silencio respetuoso envuelve cada recorrido.
Aquí el visitante no es espectador: es parte de una tradición que se siente auténtica, cercana y profundamente humana.

Susa: Patrimonio, memoria y solemnidad.
Susa es historia viva. Su templo y su plaza principal evocan el legado colonial y el arraigo espiritual que ha definido al municipio durante siglos. Durante la Semana Mayor, el viacrucis recorre sus calles con solemnidad, las campanas marcan el ritmo de la celebración y la comunidad participa con fervor. El ambiente es íntimo, auténtico y profundamente conmovedor.
Visitar Susa en Semana Santa es viajar en el tiempo y descubrir una tradición que sigue latiendo con fuerza.

Guatavita: Fe entre historia y paisaje.
Guatavita, reconocido por la mística Laguna que dio origen a la leyenda de El Dorado, ofrece una experiencia única donde naturaleza y espiritualidad se encuentran.
Su templo parroquial, ubicado en el corazón del casco urbano de arquitectura blanca y estilo colonial andino, se convierte en el centro de las celebraciones. El viacrucis recorre sus calles ordenadas y balcones adornados, creando una escena de recogimiento enmarcada por el imponente paisaje del altiplano. Aquí la Semana Santa se vive con serenidad, belleza y una conexión especial entre fe, historia y territorio.

Santuario de la Virgen de los Caballeros de Fátima.
Es un templo que eleva la experiencia espiritual. La experiencia de fe se enriquece con el Santuario en Tocancipá, un lugar emblemático de peregrinación que fortalece la vivencia espiritual.
Este santuario es un espacio de profunda devoción mariana en donde la presencia de los Caballeros de la Virgen de Fátima aporta solemnidad, organización y acompañamiento espiritual a cada celebración.
Su misión evangelizadora y su compromiso con la fe convierten este lugar en un punto clave del recorrido. Durante la Semana Santa, el santuario se transforma en un centro de oración, eucaristías especiales, momentos de confesión y jornadas de reflexión que Permiten al peregrino vivir una experiencia más profunda y transformadora. Aquí no solo se visita un templo: se encuentra esperanza, consuelo y renovación espiritual.
Zipaquirá: Tradición que conmueve.
Zipaquirá es uno de los grandes referentes del turismo religioso en Cundinamarca. Sus celebraciones de Semana Santa impactan por su organización, solemnidad y profunda participación comunitaria. Las procesiones recorren sus calles con imágenes tradicionales, el Viacrucis convoca a fieles y visitantes, y cada acto litúrgico se convierte en una experiencia que toca el alma.
La música sacra, el silencio respetuoso y la riqueza patrimonial crean una atmósfera inolvidable. Zipaquirá invita a vivir la fe desde el patrimonio, desde la historia y desde el corazón.
